Las amenazas de los futuros líderes sociales en Colombia

Marta Trejo Luzón

Ser líder social en Colombia conlleva una serie de riesgos y responsabilidades “no escritos”. A muchos les incomoda a otros les produce admiración, pero lo cierto es que ser líder y joven no es fácil. Y si encima te dejas la piel defendiendo los derechos de tu territorio y tu comunidad menos.

En las actividades a las que he podido asistir con Alianza Por la Solidaridad – ActionAid en Buenaventura he conocido a muchos jóvenes con ganas de sacar adelante su organización. Algunas son organizaciones de músicos y artistas, otras de pequeños empresarios, de mujeres, cultivos, pesca, panadería, artesanía, turismo, administración…

Todas estas iniciativas tienen dos objetivos: desarrollo y paz.

Las personas a cargo de estas organizaciones son conocidas en sus barrios, en sus veredas y en sus ciudades. Todo esto en un contexto seguro no debería dar ningún problema. Pero en el Pacífico colombiano cuando empiezas a destacar tienes que tener mucho cuidado con lo que haces y dices.

La asociación de Jóvenes Emprendedores del Paz (JEP) del barrio la Cima de Buenaventura consiguió un local abandonado para reunir a los jóvenes que quisieran hacer teatro, baile y música. Lo reformaron y han creado salas de baile y un estudio de grabación. Este barrio es conocido por tener presencia paramilitar y movimientos sospechosos de actividades ilícitas.

Muchos jóvenes se veían envueltos en estas actividades hasta que llegamos nosotros. Un día, un señor desconocido de ‘los duros’ se bajó de un coche frente al local y nos preguntó qué es lo que hacíamos. Le explicamos que queremos dar oportunidades a los niños y a las niñas de barrio para desarrollarse y educarse. Desde entonces nos respetan y no han vuelto a decirnos nada nunca más”, explica Luis Caicedo, portavoz de JEP.

El proceso para convertirte en un líder social no debe ser algo fugaz. Es una vida dedicada a defender ciertos derechos humanos de la comunidad o el territorio que, en la mayoría de ocasiones, no son bienvenidos por empresas, milicias y grupos armados con intereses en la zona.

Los ejemplos a seguir que tenemos hoy en día no son los mejores, sobre todo porque desde 2016 más de 800 líderes sociales han sido asesinados… Pero es justo por eso por lo que no nos tenemos que callar”, explicaba una joven en la Defensoría del Pueblo de Buenaventura.

En ese momento a todos se nos venía a la mente algún que otro nombre de personas que ya no están en este mundo. Como el de Temístocles Machado, líder comunitario del barrio Isla de la Paz. Él defendía la conservación de las tierras ubicadas sobre la vía Alterna de Buenaventura y hacía parte del Comité del Paro Cívico… Le asesinaron en enero de 2018.

Si queréis entender la magnitud de esta masacre de los líderes sociales colombianos es importante hacer memoria: Marío Elías Carrascal Nader, Porfirio Jaramillo, Luis Hernando Bedoya Úsuga, Ruth Alicia López Guisao, Duberney Gómez, Adriana Montero Parra, Dalmayro Reyes, Santa Felicinda Santamaría, Joel José Rodallega, y miles y miles de personas más…

Quinta asamblea de la red colombiana de lugares de memoria, noviembre 2019

Los retos que tienen que afrontar los y las jóvenes en Buenaventura

Los estereotipos hacia la juventud “perdida” están muy instaurados en ciudades como Buenaventura. La mayoría de jóvenes tiene estudios, negocios, objetivos y actividades que desempeñar pero “nos ven como perezosos, adictos a las redes…”, se queja uno de los asistentes en el taller del proyecto de Ayuntamiento de Madrid.

Sin embargo, otra joven asistente rebate esta afirmación. “¡Cómo quieren que nos vean! No es cómo nos vean, cada uno tiene que crear su propia imagen, su propia historia. Si es inspiradora conseguiremos que la gente siga nuestro ejemplo». Y antes de terminar añade: “¿porque tres o cuatro peladitos anden con ‘los malos’ ya todos los jóvenes somos así..? A nosotras nos gusta estudiar y hacer actividades muy alejadas de esto”.

Me resultaba divertido reconocer que muchas de sus preocupaciones son las mismas que tengo yo. Ahora estoy aquí como voluntaria, pero cuando vuelva a España seguiré sin empleo luchando contra la sociedad que espera que seas “una persona de provecho con trabajo y dinero”.

Las cifras del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) dicen que el 61% de la juventud rural colombiana es pobre. Para acabar con esto proponen una educación de calidad. Pero en Colombia cuando terminas la universidad pasa lo mismo que en España. Para conseguir un contrato decente te piden muchos años de prácticas y experiencia. “¿Cómo voy a tener experiencia si acabo de graduarme?”, me comenta un grupo de jóvenes recién salidos de la universidad.

Con estas ideas me voy pensando que, quizás, la clave la tienen entre manos. Sus asociaciones, sus negocios emprendedores… Si le ponen tiempo, cariño e ilusión puede que algún día sean sus propios jefes. Aunque para eso se necesita financiación y Buenaventura no es el sitio ideal donde los inversores y la plata se dejen caer…

Seguiremos trabajando e intentándolo. Nos reinventaremos.

Los jóvenes líderes sociales en Buenaventura tienen un carácter especial. Con la paz como bandera van a conseguir cosas muy importantes y, dentro de poco, serán ellos los que marquen la diferencia en Valle del Cauca.

Quinta asamblea de la red colombiana de lugares de memoria, noviembre 2019