Bienvenid@s a Ecuador, nuestro nuevo hogar

Una hora y media de tren, cincuenta minutos de metro, dos horas y media de espera en el aeropuerto y doce horas de vuelo nos han traído hasta Ecuador, el país en el que viviremos durante los próximos seis meses.

Tanto tiempo sentada en asientos de todo tipo, y de igual incomodidad, hizo que mi cabeza se pusiera a trabajar. ¿Cómo será la gente de allí?, ¿y mis compañeras?, ¿sabré hacer bien mi trabajo?, ¿llevo suficientes chubasqueros en la maleta?, ¿la ciudad en la que viviré será grande?… Por mi mente pasaron todo tipo de preguntas, todo tipo de miedos y de dudas que nada más aterrizar se esfumaron, gracias en parte a mis compañeras Natalia y Lucía (con quien vivo en Puyo), Bea y Manuela (que estarán en Cuenca y Macará respectivamente).

Dos días después de llegar a Ecuador, tiempo que pasamos en Cuenca teniendo un primer contacto con el proyecto y conociendo a nuestros compañeros –y amigos– de Alianza por la Solidaridad en Ecuador, cogimos el coche y nos fuimos a Puyo, nuestra nueva casa.

Carreteras de mil curvas que atravesaban montañas, paisajes con más de cien tonos de verde, cascadas que aparecían y desaparecían entre caminos, ríos y piedras, lluvia y sol, viento y arcoíris. Atravesamos todas las estaciones en un solo viaje y recorrimos 328 kilómetros que anunciaban lo que serían los siguientes seis meses de nuestra vida.

Hoy, 30 de octubre, hace diez días que comenzamos a trabajar en el Gobierno Autonómico Descentralizado Municipal de Puyo (GAD) en el proyecto de “innovación en el aprovechamiento de la fracción orgánica de los residuos domésticos dirigida a la producción agroecológica en cantón Pastaza”, cuyo principal objetivo es proteger su medio ambiente, la Amazonía.

En resumen, han sido dos semanas en la que hemos conocido a muchísima gente, en la que nos han recibido en comunidades indígenas con grandes cantidades de chicha de Yuca, en las que hemos aprendido el valor de las plantas, en las que hemos descubierto nuevos olores, nuevos sabores, nuevos sonidos y en las que nos hemos sorprendido con nuevas experiencias. Y las que nos quedan.


Carmen Vicente

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