Colombia, la paz para quien la tenga o para quien la pueda comprar

En este tiempo, me he dado cuenta de que construir la paz no es como lo venden en los telediarios, y otros soportes de comunicación, algo que no era difícil de identificar, cierto es. En este tiempo, me he dado cuenta de que la paz es para quien la tenga o para quien la pueda comprar.

Hace dos meses escasos salía rumbo a Colombia cargada de emociones y expectativas ante la nueva etapa que se aproximaba. Previamente, hice un profundo trabajo de investigación acerca del contexto socio – político actual y de la historia que había ido construyendo mi nuevo país de acogida. Preparada para comenzar esta experiencia en el área de género de la organización que me acogía, tenía el sueño de encontrarme por fin una Colombia en paz. Pero hay expectativas y también realidades.

¿Y por qué hablar de paz (o conflicto) cuando Colombia tiene tanto y tan lindo?

Para mi es una cuestión de principios y justicia social. “De lo que no se habla, no existe”, dicen, y desde mi posición de voluntaria de la Unión Europea considero indispensable visibilizar la situación actual que pasa el país que me acoge, y sobre todo su gente, quienes sobreviven al día a día de una supuesta construcción de paz que no llega.

En noviembre de 2016, se aprueba el Acuerdo Definitivo de Paz con las FARC,  TRAS el famoso “no” de la primera vuelta en septiembre. Está claro que Colombia y su gente quieren la paz, pero no a costa de las víctimas y supervivientes.
La primera impresión que tuve de la zona donde vivo la defino como una “calma tensa”, y a medida que he ido conociendo el contexto, creo que no hay frase que la describa mejor.

Siempre que viajo me apasiona escuchar las historias de la gente local, y así es como llegué a este texto.

Una de las mujeres con las que me he encontrado, me contaba como apenas pueden acceder a los recursos.
Tienen miedo de salir a pescar, de meterse al monte a cazar… porque el vacío que ha dejado la parte más política de las FARC ha sido ocupado por otros agentes armados. Esto confirmó mi sensación cuando navegábamos el río, huyendo de posibles paranoias, una tiene la sensación de que algo pasa detrás de esas espesas cortinas de selva, y, parece, así es.

Algunas historias en un mar repleto de situaciones violentas que nos quieren esconder tras un velo de paz ficticio, que parecen haber desaparecido pero que siguen ahí para quienes no pudieron o no quisieron pagar por una paz con nombre y apellidos, sino construirla.

¿Y cómo se puede sobrevivir a una situación así? Colombia y su gente tienen dos elementos mágicos, y cada día estoy más convencida de que sin ellos no quedaría nadie en pie: tienen unas ganas de vivir en paz desbordante, RESILICIENCIA; y la música, allá donde vayas hay música, y es que a través de ella es cuando encuentran esa paz que esperan y está por llegar.

Graciela Mulet López