El invierno

El invierno llega a Macará. Desde hace más de un mes se me está advirtiendo de los horrores del invierno en esta zona del país. Extrañamente, por la posición geográfica de esta región de Ecuador –por debajo del mismo ecuador–, el periodo enero-marzo se trataría propiamente del verano. Para añadir a la paradoja, el invierno en Macará no se caracteriza por ser extremadamente frío, sino todo lo contrario, es insoportablemente caluroso. Por tanto, hablamos de un invierno que se da técnicamente en verano y donde hace calor. La tentación de llamarlo verano es grande; pero no, no cabe discusión, es invierno.

El invierno en el más profundo sur del país es caluroso, por el día y por la noche. Además, aparecen las lluvias torrenciales, que provocan mayores aumentos en las temperaturas, el corte de carreteras y vías de acceso, y emocionan a los más variopintos insectos, que salen a las calles y entran a las casas para festejar el chaparrón.

El invierno también trae la temporada de siembra del arroz. Ese arroz tan adorado por la población ecuatoriana que no lo come una vez al día, sino 3 veces. Todos los días de la semana. Y al remover los extensos arrozales se masifica la peor pesadilla de una persona de sangre –demasiado– dulce: los mosquitos. Si hasta el momento los había sufrido, el invierno promete noches llenas de zumbidos.

¿Qué nos deparará este falso invierno lleno de agua, calor y amenazas voladoras? Quizá tendré que darles la razón en la nomenclatura invernal y recluirme en casa, a hibernar.

 


Manuela.

 

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