El jicaro, la semilla que cambia la vida en Nicaragua

El propósito de mi asignación en Somotillo, Nicaragua era de fortalecer la participación de las mujeres en los Comités de Agua Potable y Saneamiento (CAPS). Apoyando a 10 comunidades rurales del corredor seco de Nicaragua quise entender mejor cuáles son sus medios de vida y sus actividades productivas que les permiten sustentarse en esta región pobre. Entender entre hombres y mujeres quién desempeña el rol de sustentar a la familia, o si más bien los dos contribuyen a su manera. El Comité de Laureles II tiene la particularidad que el 90 % de sus integrantes son mujeres. De los 10 CAPS con los cuales se trabaja desde el proyecto, este es el único que tiene esa particularidad ya que los hombres no están asumiendo la gestión porque tienen múltiples actividades laborales fuera de la comunidad o del país.

Pregunté a las mujeres que comentaran cuáles son las actividades económicas en Laureles. Las mujeres me comentaron que los hombres de la comunidad son agricultores, siembran maíz, y luego, cuando terminan en sus parcelas, van afuera a ganar el dinero para sobrevivir. Ellos salen de la comunidad a trabajar o salen a Costa Rica o a El Salvador y migran alrededor de unos 6 meses, así que las mujeres se quedan a cargo de todo. Al mismo tiempo eso implica que las mujeres se tienen que empoderar y ser más autónomas. No son todos los que migran y solo son los 6 meses del verano, porque en Laureles no hay trabajo fijo, al no haber fuentes de trabajo. Entonces tienen que migrar o se mudan a otro lugar a trabajar. Mientras que en invierno, los hombres vienen a hacer su agricultura, a sembrar su maíz, su trigo.

“Por ejemplo en mi caso, trabajo en Somotillo, en Chinandega, o Managua o aquí en Villanueva, un trabajo para mantenernos, si somos madres solteras, para mantener nuestros hijos, y si son padres, para traer la alimentación al hogar. Entonces muchos también tienen que migrar y salir a otro lado”.

En cuanto a las mujeres, aprovechan cualquier ocasión para generar ingresos, según las temporadas de cosecha. Han aprendido a sacar provecho de una semilla local, llamada jicaro, con la cual se elaboran deliciosas bebidas refrescantes, llamadas “frescos”.

“Aquí es dura la vida. Mira, yo soy mujer y yo trabajo en el campo. Cuando hay ese jicaro, vamos a buscarlo al monte para traerlo y vender la semillita. Pero cuando no hay –por ejemplo, toda esta temporada no habido nada–, estamos sin trabajo. Estamos pasando una situación dura porque no tenemos trabajo las mujeres. Una situación bien dura, tenemos hijos y a veces no hay trabajo, entonces se aguanta”.

Las mujeres comentan que el jicaro es un negocio y un dinero rápido. Explican que es duro, porque es un trabajo que lleva todo un proceso: el jicaro se corta, se deja madurar, después de saca, se lava la semilla y se pone a secar. Puede ir a venderse, es un dinero que está seguro, saben que está seguro porque es un trabajo que realizan ellas mismas.

“Aquí se saca la semilla de jicaro. Todas aquí hemos sacado, todas. El jicaro pone la mano bien manchada, amarilla, las uñas amarillas. Por lo menos a mí, es un trabajo que no me da vergüenza. Es muy digno como trabajo. Y yo puedo vender esas semillas, aunque solo me salga un poquito, yo sé que vengo con la alimentación para mi niño. La vendo o la doy a cambio por comida pero le traigo comida a mis hijos”.

El jicaro es una fuente de trabajo local y digno, aunque este año no se pudo sacar porque hubo mala cosecha. En esta zona hay muchas áreas de jicaro, y las mujeres lo aprovechan para generar un ingreso.

Las mujeres comentan sobre lo duro de su situación en el campo:

“Mire, nosotros venimos y les decimos a los dueños de la finca que nos vendan este jicarito, porque ahora si nos metemos a las parcelas ajenas, dicen que nos van echar presos o que nos van a matar. Entonces mejor lo que hacemos es que lo compramos, ocupamos las semillas y de ahí vamos a vender y de ahí les pagamos a ellos el jicaro que sacamos. Lo que nos queda es un poquito nada más, un poquito. Así es como luchamos”.

Efectivamente eso es luchar. También estuvieron quebrando piedra para las rastras para la molida de oro, quiebran piedra a mano con un mazo, buscando oro. Un tipo de trabajo de mucha perseverancia que realizan para poder conseguir medios de vida.

Estos son solo unos ejemplos de estrategias que desarrollan las mujeres rurales de Nicaragua para salir adelante dignamente. Me siento contenta y agradecida por haberles conocido e intercambiado con ellas, contribuyendo con mi misión de voluntaria EUAV a fortalecerles un poquito más y me voy con mucha humildad a compartir todo lo que vi y aprendí en Nicaragua.


Marie-Pierre Smets