La movilidad internacional como antídoto a la intolerancia

Ludovica Maria Chieppa

Ya me encuentro en la mitad de mi estadía como voluntaria del programa europeo EU Aid Volunteers en Tumaco, Colombia, y siento que el aprendizaje acumulado en estos meses no ha sido solamente de índole profesional: mi autoconciencia ha crecido y disfruto de una visión más amplia de la vida.

A lo largo de los últimos diez años, he tenido varias oportunidades de viajar y vivir fuera de mi país, dentro y fuera de Europa. Muchas de estas experiencias de estudio y trabajo no hubieran sido posibles sin el acceso a programas de la Unión Europea, empezando por el Programa Erasmus, hasta llegar a la iniciativa de voluntariado humanitario EU Aid Volunteers.
Todas fueron experiencias enriquecedoras: aprendí a ponerme en los zapatos de los demás, y por “demás” me refiero no solamente a individuos sino a minorías, etnias, poblaciones en diversas situaciones de vulnerabilidad.

Vivir una experiencia en un país como Colombia, cruzado por conflictos y procesos de pacificación, me ha ayudado a poner varios elementos de la realidad en la justa perspectiva. Siento que mi legado de voluntaria se hace aún más importante en este exacto momento político en mi país, Italia, y en el resto de Europa.
No es un misterio que los nacionalismos han ganado mucho espacio en la escena pública del “viejo” continente.

Me gustaría que los valores de inclusión y paz que protagonizan la agenda social y política de Colombia estuvieran presentes en las agendas políticas europeas.
Me gustaría ver una Europa donde toda la ciudadanía esté más informada y sea consciente de los problemas globales.
Donde cada uno sea capaz de considerar su realidad como un pedazo de las múltiples realidades que existen y que están entrelazadas entre ellas.

Los programas europeos de movilidad juegan un papel muy importante y han educado a los jóvenes desde hace décadas en la tolerancia y la inclusión. La interculturalidad es un desafío importante y una apuesta que Europa necesita ganar ahora.

A pesar del mucho trabajo que se ha hecho, siento que hace falta fortalecer y multiplicar las oportunidades de intercambio, no solamente para los jóvenes, sino para todos los ciudadanos europeos.
Estoy convencida de que una sola experiencia de movilidad en la vida de cada uno, pueda generar un cambio de mentalidad.
La suma de cambios de mentalidad puede hacer de la inclusión una norma.