Los primeros días como voluntario humanitario en Nicaragua

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Empecé mi trabajo como voluntario humanitario, dentro de la iniciativa de la Unión Europea EU Aid Volunteers, a finales de febrero. Llegué a Managua con otros dos compañeros voluntarios y, después de algunos días de formación e informaciones, pronto nos fuimos a nuestros respectivos lugares de trabajo. El mío es APADEIM, una asociación local que lucha por los derechos de las mujeres en las comunidades de El Viejo, en el interior del país.

Hay que decir que los primeros días fueron complicados y full de dudas… perdón, llenos de dudas –disculpen, pero es el idioma local que ya empieza a contagiarme–: Una ciudad en la que todavía no hay puntos de referencias, una casa nueva y bonita pero con unas cosas que arreglar y un pequeño ratoncito que todavía sigue comiéndose mi pan, la incorporación con un equipo que trabaja junto desde años, el miedo de no poder llevar a cabo mis propias tareas (esta última cosa es algo que acompaña a casi todos los que pasaron por el sistema educativo italiano).

Yo ya había vivido y trabajado en América Latina, en las montañas andinas de Venezuela, y por esto pensaba que iban a pasar algunas semanas o meses antes de acostumbrarme a esta nueva situación y sentirme en casa aquí… ¡Eso era lo que pensaba! Pero aquí todo pasó diferente. Después de una semana, ya estaba totalmente integrado en el equipo de trabajo, o por lo menos así me sentía y me siento, ya trabajaba en la formulación de dos proyectos, ya almorzaba con todos mis compañeros, ya tenía una invitación para visitar lugares de Nicaragua con algunos de ellos, y ya me habían hecho una fiesta sorpresa para mi cumpleaños.

¿Y fuera del trabajo? A cualquier lugar donde he ido (gimnasios, restaurantes, pupuserías u otras ciudades) la gente se para tranquilamente para hablarme, comer y tomar conmigo, me ayuda si tengo dudas sobre algo, me avisa si lo que estoy haciendo puede ser peligroso…

Todavía me faltan varios meses aquí y, si todo esto va a seguir así, creo que antes de salir de este país me sentiré tan integrado como para pedir cédula y ciudadanía nicaragüense.

Emiliano Cesaretti

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