Mauritania se seca

Yasmina Mitrovic

Los efectos del cambio climático en África son más evidentes que en otros continentes, especialmente en la zona del Sahel, donde cinco de cada cien habitantes requieren ayuda humanitaria para sobrevivir.  

Mauritania, ubicada en el norte de esta región y con un 75% de su territorio cubierto por el desierto del Sáhara, sufre sequías severas y recurrentes, altas temperaturas estivales e inundaciones abundantes. Todo ello está contribuyendo a la desertificación progresiva y a una creciente inseguridad alimentaria entre la población, causada por la pérdida de tierras productivas y por la muerte del ganado. En 2017, debido a la escasez de lluvias, se dejaron de cultivar un total de 11.000 hectáreas en Brakna, una pequeña región del sur del país cuya tasa de pobreza es superior al 40%. 

Por ello, cada vez son más los mauritanos que migran del campo a la ciudad, lo que genera una superpoblación en los entornos urbanos y la consecuente disminución de la calidad de vida de sus habitantes. 

A pesar de las inversiones realizadas y de que el sector agrícola ocupa a la mayor parte de la población activa del país, este se caracteriza por su baja contribución al PIB nacional: tan solo un 25%.  

En consecuencia, la producción local en Mauritania es muy baja y su población depende en gran medida del mercado de importación, cuyos precios son mucho más elevados. Esto dificulta el acceso a multitud de productos a una gran parte de los habitantes de un país donde, según el Banco Mundial, el 31% de su población vive por debajo del umbral de la pobreza. 

Para contribuir a la mejora de la seguridad alimentaria y fomentar un desarrollo agrícola sostenible frente al cambio climático, Alianza por la Solidaridad pondrá en marcha próximamente un proyecto en el sur de Mauritania junto a Acción contra el Hambre y a la organización local ARDM. Gracias a la financiación de la AECID, trabajaremos durante dos años para fortalecer a distintas cooperativas agrícolas de la región. Esto supondrá un apoyo directo a casi 2.000 personas, en su mayoría mujeres, un sector de la población especialmente vulnerable en este momento, pues normalmente son ellas quienes se quedan a cargo de la familia y las tierras cuando los hombres emigran hacia los núcleos de población urbanos. 

Hoy, con motivo del Día de la Tierra, apelamos a la reducción de las emisiones de CO2 y, en definitiva, al cambio en el modelo productivo y de consumo occidental. Y es que el mantenimiento del estilo de vida del hemisferio norte redunda, como todos ya sabemos, en un empeoramiento de la salud del planeta. Y sus efectos, injustamente, se hacen notar más rápidamente y con más fuerza en los países con menores niveles de desarrollo, como Mauritania.