Otra voz valiente que no volveremos a escuchar

A Temístocles Machado, líder afrocolombiano de la Comunidad Isla de la Paz, en Buenaventura, lo mataron en un parqueadero del barrio hace una semana. Puede que a mis compatriotas españoles, europeos, les parezca algo inaudito, “¿Pero cómo puede ser? ¿No se había firmado un acuerdo de Paz con la guerrilla? ¿No iba este acuerdo a solucionar los problemas de Colombia?”. A nosotros, que trabajamos aquí con comunidades desplazadas por el conflicto, que trabajamos con víctimas de la violencia en este país, no debería sorprendernos tanto, “otro líder más que cae por defender la paz”.

A mí, personalmente, este caso me provoca especial tristeza, una desilusión inmensa.

Hace varios meses viajé a Buenaventura, como voluntaria de Comunicación del Programa EU Aid Volunteers, para cubrir la realización de un video que reflejara los retos y logros del Proyecto Iniciativas Deportivas para la Protección de Niños/as, Adolescentes y Jóvenes en cinco barrios de la ciudad de Buenaventura. Uno de esos barrios era Isla de la Paz.

No tuve la suerte de conocer y conversar con Don Temis, porque su entrevista para el video ya la habían realizado otros compañeros y yo únicamente tuve que encargarme de la edición. Sin conocerle, al escuchar su testimonio, me di cuenta rápidamente de algo, y es que era valiente, comprometido, apasionado, y sobre todo, amante de su pueblo y su tierra. Cualidades que deberían ser admirables, pero que en este mundo loco, en un país donde la violencia y la corrupción siguen siendo la norma, en Buenaventura, estas cualidades resultan peligrosas.

No conocí a Don Temis, sin embargo doy gracias a la vida por haber puesto en mi camino a otra mujer bonaverense asombrosamente fuerte, gran defensora de la tierra y su familia, no sólo su familia de sangre, sino también todos aquellos, niños, madres, jóvenes, ancianos… que viven en el barrio Isla de la Paz. Ella, como Don Temis, representa a todos aquellos afrocolombianos, desplazados, maltratados, amenazados, desprotegidos, olvidados, que no tienen voz. Ellos también son Colombia. Son parte de la magia, de la riqueza cultural.

Probablemente esta mujer, tras el asesinato de Don Temis, tenga que abandonar Buenaventura y su barrio Isla de la Paz, su comunidad y gran familia, sus vecinos que la quieren y la necesitan. Porque ella también es defensora de los derechos humanos y por eso corre peligro. Dirá adiós a su tierra, sus amigos, su vida. Esto me entristece, muchísimo, y me pregunto, ¿quién va a proteger a todos esos niños y niñas? ¿Quién va a animarles a que estudien y que vayan a la escuela? ¿Quién va a servirles de ejemplo en la lucha por sus derechos? Isla de la Paz se quedará sin una de las voces que lucha por los derechos de sus habitantes, se queda sin Paz.


Elena García