Reflexiones sobre el voluntariado durante el confinamiento en Colombia

Finja Koester

La crisis del coronavirus ha sido, y sigue siendo, un tiempo muy movido para mí, literalmente. No solo fui evacuada dos veces, la segunda me embarqué en una aventura de 22 horas a través del país, con carreteras serpenteando los Andes y cultivos de caña de azúcar a lo largo del camino. Emocionalmente fue también un constante sube y baja.

Hace unas seis semanas, mi organización de envío se nos acercó. Bajo el escenario probable de que las fronteras y el tráfico aéreo se iban a cerrar pronto, tuve que enfrentarme a la primera decisión. “Should I stay or should I go?” (con la canción de The Clash sonando en mis orejas). Una decisión difícil y muy personal que requirió mucha reflexión, pragmatismo y previsión.

La decisión

Al final, opté por quedarme. Tuve que tomar esta decisión en un momento en el que el virus ya estaba en su apogeo en países como Italia y España, con Europa declarada como el epicentro de la crisis. Con un presagio realista, entendí que la crisis golpearía igualmente fuerte aquí, quizás aún con más fuerza. Las malas condiciones del sistema de salud, la mayor pobreza y la falta de un sistema de apoyo social por parte del Estado no ayudan.

No obstante, fue exactamente esta razón la que también me convenció de quedarme. En Europa, probablemente estaría disfrutando el sol con mi familia en confinamiento. El hecho de ser desplegada con una organización humanitaria como EU Aid Volunteer en Colombia, me hizo ver que tenía la oportunidad de contribuir a ayudar a algunas de las personas más golpeadas por la crisis y sus graves consecuencias. Las siguientes semanas fueron un período interesante y desafiante al mismo tiempo, no solo para mí sino para todo el equipo del trabajo. Adaptarse a trabajar en casa, reformular actividades, no poder visitar las comunidades rurales pero querer ayudarlas; desafíos que ninguno de nosotros había enfrentado antes.

La crisis del COVID-19 en Tumaco

Tumaco, mi ciudad base en la costa Pacífica, es un lugar caracterizado por altos niveles de pobreza, violencia y desigualdad. En este sentido, los y las tumaqueños ya tenían suficientes batallas a pelear antes de la pandemia. En un lugar en donde el sustento de muchas personas depende de los pocos ingresos que ganan en la calle y donde el sistema de salud ya está tan colapsado que no dispone de ni un solo respirador, la crisis del coronavirus reveló y profundizó estos problemas aún más.

Aunque al principio muchos locales subestimaron la crisis y me aseguraron que “hace demasiado calor en Tumaco” para que llegue el virus, pronto se evidenció que estaban equivocados con la confirmación del primer caso en el municipio. Al enfrentarse con la realidad del virus, que antes parecía muy lejano en este lugar aislado, los tumaqueños de repente se encontraron ante un dilema difícil: salvar vidas o medios de vida.

Sin duda, un brote de Covid-19 en los barrios más vulnerables de Tumaco sería un desastre, dada la falta de sistemas sanitarios, la densidad de las casas en madera y la ausencia de cobertura médica de muchos residentes. Sin embargo, muchas personas dependen de las pocos ingresos que les dan las ventas en la calle para mantener a sus familias, por lo que las estrictas órdenes de confinamiento anunciadas por el gobierno en Bogotá provocan que estas personas pasen hambre.

Este escenario presenta un dilema peligroso y para el que no hay respuesta. Solo puedo esperar que, por lo creativos que son los tumaqueños habitualmente en la búsqueda de formas innovadoras de generar ingresos, también lo logren hacer frente a esta crisis, actuando de manera responsable mientras equilibran y minimizan los efectos negativos tanto como sea posible. Seguramente, las organizaciones humanitarias, como mi organización Alianza por la Solidaridad, desempeñarán un papel muy importante para mitigar las consecuencias de la crisis y proteger a los más pobres y vulnerables. Y algo que es igualmente cierto es que, a pesar de ya no estar en Tumaco, seguiré dando lo mejor de mí para apoyar estos esfuerzos. Porque la solidaridad es más importante que nunca en estos tiempos difíciles.