UNA VUELTA POR COLOMBIA

Andrea Parolin

Durante mi viaje por Colombia he conocido lugares maravillosos y he tenido la posibilidad y la suerte de cruzarme en mi camino con diferentes personas, escuchar historias, conversar y contestar a muchas, muchas preguntas.

La primera siempre es la clásica, “¿estas en Colombia por vacaciones?” y después de mi respuesta negativa y siguiente explicación de lo que hago, la pregunta que sigue es muy a menudo, “¿Tumaco? ¿Por qué Tumaco? ¿Qué hiciste para que te enviaran por allá?” (Ok, probablemente no fueron exactamente esas las palabras que utilizaron, pero la tonalidad de la voz y la mirada hacían entender que la pregunta que querían hacer era esa).

Y lo puedo entender porque, quien conoce Tumaco (y no es algo tan seguro, porque muchas veces he tenido que explicar donde queda) muy probablemente lo conoce únicamente por las noticias que escucha en la tele, donde solo hablan de la parte negativa del municipio, de los problemas que tiene, de los grupos armados, de la guerrilla y de la pobreza.

Es un poco como cuando, en Italia, contando que me iba como EU Aid Volunteer a Colombia, todos me miraban asustados diciéndome “cuidado que ese país es muy peligroso”, sin conocer absolutamente nada de esta tierra increíble y mágica.

Porque al final, si estás acostumbrado a relacionar un lugar con algunas de sus características, probablemente pensarás que esas sean comunes a todos los habitantes de ese lugar. Y cuando las conexiones que hacen se refieren a cosas negativas, consecuentemente pensarás que ese lugar es negativo.

Pero entonces conoces ese lugar y sus diversidades, e intentas traer un poquito de la realidad frente a los ojos de quien no lo conoce, de quien se deja guiar solo de las palabras de terceras personas.

Y no es fácil. Obviamente sería mucho más sencillo esquivar esa responsabilidad y dejarles con sus convicciones. Porque, ¿cómo describir las diferentes variedades de emociones que se sienten viviendo acá? ¿Cómo explicar todas las cosas bellas que cada día te llenan, sin caer en la banalidad?

Al final, pensándolo, las banalidades son las respuestas más sencillas y efectivas.

Solo caminando tranquilo por la playa, solo rumbeando una noche, solo hablando y compartiendo con personas amigas o desconocidos/as sus increíbles historias se puede intentar de entender lo que es realmente Tumaco, que es bien diferente de lo que se escucha en las noticias, y que hay mucho más que una ciudad en conflicto armado. Porque lo que hay en Tumaco es magia, y la magia no se puede explicar, solo se puede vivir.