Primera experiencia con las comunidades en Colombia

David Fernández Soriano

En este primer artículo de mi experiencia trabajando con Alianza por la Solidaridad, quisiera hacer referencia a una actividad que realizamos en unas comunidades de la periferia al sur de Bogotá. Mi trabajo habitualmente se desarrolla en la oficina, ya que pertenezco al departamento de recursos humanos. Sin embargo, tuve la ocasión de participar en unas jornadas de actividades con algunas comunidades que se establecen en una de las áreas más desfavorecidas de la ciudad. Estas consistieron en la instalación de lavabos y entrega de kits sanitarios de cara a la prevención contra el Covid 19 en los lugares con menos recursos.

De las dos jornadas en las que participé, haré referencia a la primera únicamente, no por ser más relevante o más enriquecedora, sino porque se trató de mi primera experiencia trabajando directamente en las comunidades con Alianza. Era un miércoles temprano cuando me dirigí a la oficina para reunirme con los compañeros que formaríamos parte de la actividad. Una vez allí, tomamos rumbo hacía el barrio de Ciudad Bolívar en una furgoneta alquilada para la ocasión y, después de una hora de camino, llegamos a nuestra primera parada.

Se trataba de un establecimiento requisitorio. Éste sirve como paso previo a la prisión para las personas que se encuentran judicialmente encausadas y que, debido a la lentitud de los procesos, pueden permanecer allí hasta dos años esperando una sentencia definitiva, mientras existe, además, una gran saturación de personas conviviendo en el centro. Tras pasar un largo proceso de admisión, logramos acceder al lugar y culminar nuestra actividad. Sin embargo, el protocolo de seguridad apenas nos permitió entrar en contacto con las personas afectadas, pero al menos pudimos realizar exitosamente la acción de prevención que teníamos encomendada.

Una vez salimos del centro, el cual estaba ubicado en la entrada a Ciudad Bolívar, nos dirigimos hacia los cerros que se alzaban a su alrededor, repletos de viviendas de muy frágil construcción y cimentadas sobre abruptas pendientes. Se trataba de caminos y calles por las que los vehículos pesados apenas podíamos circular. Así, tras casi 1 hora por este barrio que rebosaba vida, llegamos a un antiguo colegio donde nos esperaban unas azarosas y comprometidas mujeres. Ellas habían hecho del centro un lugar de encuentro y participación para todas las mujeres y personas con necesidades del barrio. Todo ello, gracias a un inmenso trabajo que Alianza y sus financiadores quisieron reconocer facilitándoles elementos sanitarios de prevención para uso y distribución desde su centro.

Una vez realizamos nuestra misión, tuvimos tiempo de conversar y compartir con aquellas mujeres que nos contaron vivencias personales y cómo habían conseguido grandes logros en aquel barrio desfavorecido de la ciudad. También, desde las alturas donde se ubicaba su centro, pudimos percibir las espectaculares vistas y la inmensidad de Bogotá, así como recapacitar sobre la diversidad de personas y de proyectos de vida que en ella conviven.