La constante reconstrucción de Haití

El año pasado, los días 3 y 4 de Octubre Haití volvió a ser portada, el huracán Matthew de categoría 4 había impactado en la zona sur y suroeste del país dejando a su paso 2.1 millón de afectados.

El huracán Matthew (según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios OCHA, el segundo desastre natural más devastador en la isla tras el terremoto de 2010), que llegaba fuera de la temporada de huracanes habitual (de julio a septiembre). Se lanzaron las alarmas previas al impacto, este a pesar de las previsiones se desplazó su recorrido hacia el suroeste de la isla, la región de la Grand Anse.

Tras el impacto todos los actores humanitarios presentes en el país se pusieron en marcha, muchos desplazando o creando base de operaciones a la región de la Grand Anse a su capital, Jeremie. Al llegar allí

Jeremie o también llamada “la ciudad de los poetas”, es  una ciudad costera entre verdes montañas y unos aires coloniales que dejan entrever una historia de esplendor y comercio. La región era la única región exportadora de cultivos como el ñame o las bananas, gracias a la buena producción en esta región que llenaba de estos productos los mercados de Puerto Príncipe.

El proyecto que Alianza por la Solidaridad se encuentra realizando en la región de la Grand Anse es de Rehabilitación de los Medios de Vida tras los efectos del huracán, en una localidad de gran extensión entre costa y zonas montañosas, llamada Abricots. La ruta para llegar a Abricots es complicada con caminos empedrados, que se complican con las lluvias y crecidas del río que cortan la carretera. Esta región era ya vulnerable ante un desastre natural ya que un simple fenómeno meteorológico como la lluvia puede dejar esta localidad aislada durante semanas. Es importante por ello trabajar en proyectos de rehabilitación como este en el que se trabaja la recuperación de las cosechas además del arreglo de las rutas de acceso mediante los programas de Cash for Work (dinero por trabajo). Además es clave, a pesar de las complicaciones logísticas trabajar en localidades aisladas a las que no van todos los actores humanitarios.

Esta región la he visitado en dos ocasiones para dar seguimiento a las actividades de un proyecto de rehabilitación tras el impacto del huracán. Mi primera impresión fue la sorpresa por la rapidez con la que la gente de la región ya había terminado “sus pequeñas tareas de reconstrucción” no habían pasado ni 6 meses y la ciudad estaba ya casi reconstruida. Los edificios se veían viejos y sus estructuras no parecen muy seguras pero en cambio ya todos los techos estaban cerrados a base de chapa. Todos los huecos en los edificios se encuentran ya cubiertos haciendo ver como si “no hubiese pasado nada”. En cambio si miras hacia el otro lado, aún puedes por los rastros que quedan la destrucción en ciertas zonas. Hay muchos escombros aún sin recoger, por medio de la ciudad, se ve en su playa y en los árboles pelados que han quedado por las montañas casi peladas.

Esta impresión me ha hecho pensar en la resiliencia: “Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos”. Este es un concepto utilizado continuamente en la jerga humanitaria, se utiliza en todo y para todo, en cambio es difícil encontrar ejemplos e incluso a veces separar este concepto del mero mecanismo de supervivencia. En cambio es un concepto que creo que explica eso que he palpado por las calles de Jeremie, no he visto sentimientos de abatimiento en las caras de la gente por la calle, he visto fuerza y dureza. Ponerse en el lugar de estas personas, constantemente expuestas a desastres naturales, es complicado imaginar cómo se sigue adelante una y otra vez.


Julia Vélez